martes, 19 de junio de 2012

ESCENAS DEL POPULISMO RUSO (5): CHERNISHEVSKI

Si tuviéramos que decir el título de la novela rusa del siglo XIX que mayor influencia ha tenido en esa sociedad (…) la que puede reclamar el honor con mayor justicia es "¿Qué hacer?" de N. G. Chernyshevski, un libro del que pocos occidentales han oído hablar y muchos menos han leído. Sin embargo ninguna obra de la moderna literatura (…) puede competir con "¿Qué hacer?" en sus efectos sobre las vidas humanas y en su poder para cambiar la historia. Porque la novela de Chernishevsky, mucho más que “El Capital” de Marx, proporcionó la dinámica emocional que eventualmente desembocaría en la Revolución Rusa

J. Frank: “N. G. Chernishevsky: una utopía rusa”




Nikolai Chernishevsky nace en 1828 en Saratov. Su padre es un párroco profundamente instruido, que proporciona a su hijo una sólida formación. El pequeño Nikolai es inteligente, aprende varios idiomas, y en la biblioteca familiar desarrolla una perdurable afición a la lectura. A los catorce años ingresa en el seminario de Saratov donde rápidamente destaca, no sólo por su rendimiento académico, sino por su costumbre de ayudar en los estudios a sus compañeros menos dotados. Así comienzan a vislumbrarse algunas facetas de su carácter que permanecerán toda su vida: una extraordinaria confianza en su capacidad intelectual, acompañada de una gran intransigencia hacia las opiniones ajenas; una inclinación a la compasión y a la ayuda a los menos favorecidos, matizada por una acusada tendencia al paternalismo.

A los dieciocho años su padre, convencido del potencial de su hijo, y de las limitaciones que le impondría su permanencia en Saratov, lo envía a estudiar a la universidad de San Petersburgo. Su inquietud intelectual lo lleva a frecuentar círculos estudiantiles donde se debate sobre filosofía. Allí entra en contacto con las ideas del socialista utópico Charles Fourier y su discípulo Victor Considérant, y se interesa por sus falansterios. También lee a Ludwig Feuerbach, cuyo “ateísmo antropológico” lo inducirá, tras severas crisis existenciales, a abandonar la religión.



Pero Chernyshevski es culto pero sin gracia. Está dotado de un físico poco impresionante y un aspecto general de infeliz, lo que le provoca una gran timidez. Toda su seguridad intelectual se desvanece en público, donde suele representar papeles poco airosos. Con estos dones despierta poco interés entre las mujeres, lo que le hace sufrir.

Vuelve Chernyshevski a Saratov “hecho un socialista y un ateo” (1), y, contra todo pronóstico, se casa. Su novia, Olga, es una chica alegre y pizpireta, perfectamente indiferente a las inquietudes sociales y políticas de su marido. Chernyshevski no sólo está profundamente enamorado de ella, sino que ve la oportunidad de superar su bajo rendimiento en sociedad, y escribe en su diario “Debo casarme también porque así me convertiré en un hombre en vez del niño que soy ahora. Entonces mi timidez, retraimiento, etc. desaparecerán”. Además Chernyshevski está muy influido por las ideas feministas de George Sand, y se ve a sí mismo como el liberador de su mujer de una situación familiar opresiva (opinión que Olga no parece compartir en absoluto). Chernyshevski reflejará más tarde está situación en "¿Qué hacer?"

De vuelta a San Petersburgo Chernyshevski ingresa en el diario Sovremennik (El Contemporáneo), de Nikolai Nekrasov, donde comienza una prometedora carrera como crítico literario. En esta época Chernyshevski ha leído con gran interés a los utilitaristas ingleses, Bentham y Stuart Mill (que consideran que el mejor sistema para una sociedad será aquél que maximice su felicidad global), y desarrolla su peculiar teoría del “egoísmo científico”. Para Chernyshevski absolutamente todas las motivaciones de la persona se reducen a maximizar el placer y minimizar el dolor. Estas motivaciones son constantes en todos los humanos, de modo que las diferencias en el comportamiento vienen motivadas exclusivamente por las condiciones socioeconómicas. De modo que se trata únicamente de encontrar la sociedad ideal en la que el egoísmo de todos trabaje hacia al bien común. Chernyshevski ya sabe de antemano cuál es ésta: un socialismo organizado en cooperativas derivadas de la obshchina. Estos dos dogmas proporcionan así a Chernyshevski el principio (el “egoísmo científico”) y el final (el socialismo) del relato, de modo que no se ve en la obligación de explicar la relación entre ambos, que considera obvia. Para el lector actual, desde luego, no lo es. Lo curioso, en cualquier caso, es que Chernishevsky, al postular los efectos benéficos del egoísmo, está trasladando los principios del liberalismo económico a la sociedad socialista, y, a la vez que rechaza la economía de mercado, esta creando una supuesta “sociología de mercado”.


Además, con su formulación del “egoísmo científico” Chernyshevski relativiza por completo los conceptos de bien y mal: una cosa será, simultáneamente, considerada buena por aquél a quien beneficie y mala por el perjudicado. Llevándola a su extremo lógico Pisarev se preguntará, completamente en serio, si es lícito matar a la propia madre. “¿Y por qué no, si lo deseo y me resulta útil?”, contestará. Y más adelante los nihilistas y revolucionarios llevarán esta formulación a la práctica.

Por otra parte, al establecer que las motivaciones son iguales para todos, y que las estructuras sociales (el estado, la religión, la familia…) las que determinan nuestro comportamiento, Chernyshevski no cree que las reformas graduales de estas estructuras puedan mejorar nada. Únicamente es posible destruirlas mediante una revolución. Esto lo lleva a enfrentarse con los reformistas liberales. Comienza, además, a establecer las diferencias insalvables entre su ‘nosotros’, los revolucionarios que desean destruir el mundo para alcanzar el paraíso, y su ‘ellos’, los que se obstinan en mantener el mundo meramente reformándolo. El honrado, culto, y compasivo Chernyshevski se ha convertido ya en un fanático sectario.


En Sovremennik ha coincidido con Nikolai Dobrolyubov, hijo de un párroco como Chernishevsky, con el que comparte la misma visión unidireccional de las cosas, y entre ambos van determinando la deriva radical de la revista. Para ellos, cientificistas empedernidos, la emoción artística es, en el mejor de los casos, superflua, y, en el peor, peligrosa, pues entorpece el conocimiento científico de las cosas. La función de la literatura y el arte no es el placer estético, sino educar, y hay que decir que Chernishevsky, una vez embarcado en un argumento, es capaz de llevarlo alegremente hasta sus consecuencias más disparatadas. Así, por ejemplo, llega a defender que el valor de una pintura marina no está en su mérito artístico, sino en que enseña lo que es el mar a todos aquellos que, por vivir tierra adentro, no lo han podido ver. Estos planteamientos llevan a Chernyshevski y Dobrolyubov a chocar con Turgénev, que también escribe en la revista, que creará al nihilista de “Padres e hijos” inspirándose en este último.

Entretanto la Tercera Sección ha comenzado a preocuparse seriamente por la influencia de Sovremennik en la juventud. A comienzos de 1862, aprovechando una imprudencia de Herzen, que en una carta al fundador de Zemlya i Volya le ha recomendado ponerse en contacto con Chernishevsky, la policía arresta a ambos. Encerrado en la fortaleza de Pedro y Pablo, a lo largo de dos años espera ser juzgado. Allí escribe "¿Qué hacer?". Después, en sucesivos simulacros de juicio, es condenado. Pasará los siguientes dieciocho años, primero en la cárcel, y después exiliado en Siberia. Este trato cruel no sólo resulta injusto, sino contraproducente: convertirá a Chernyshevski en un mártir ante la juventud.
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 “¿Qué hacer?" no sólo influyó decisivamente en las generaciones de jóvenes populistas revolucionarios simultáneas y posteriores a su publicación, sino que proporcionó un relato para la revolución bolchevique que estallaría en el siglo siguiente. Plejanov lo calificó como “el libro ruso más importante desde la invención de la imprenta”. Fue el favorito del joven Lenin, que no sólo tomó prestado su título en un ensayo en el que presentaba el esqueleto de su proyecto revolucionario, sino que intentó reproducir en sí mismo las virtudes del revolucionario Rajmetov. Pero ¿tan bueno es?


Pues no. Es un libro realmente mal escrito cuyos protagonistas, en contra de la intención de su autor, resultan insufribles, con su continuo cientificismo, para el lector actual (aunque no tanto como las continuas intromisiones paternalistas de Chernyshevski dirigiéndose a éste). Por eso quizás pueda decirse que "¿Qué hacer?" está piadosamente olvidado. Porque en general, si un editor lo rescatara y, sin conocer nada de su autor, procediera a clasificarlo, posiblemente lo haría en la sección de auto ayuda.


El libro narra la liberación y realización de la protagonista, Vera Pavlovna. En su ascenso es sucesivamente ayudada por dos “hombres nuevos”, Lopukhov (trasunto del propio Chernishevsky) y Kirsanov, cuyos caracteres resultan completamente indiferenciados para el lector. Estos “hombres nuevos” se distinguen de los hombres vulgares, es decir, todos aquellos que no han dado el salto evolutivo hacia el socialismo. Además está Rajmetov, un “hombre extraordinario”, que representa el ideal revolucionario. La definición de Rajmetov es curiosa porque es, antes que otra cosa, un culturista, lo que parece reflejar que en el más íntimo deseo de Chernyshevski estaba estar cachas para impresionar a las chicas.




Los sucesivos ascensos personales de Vera Pavlovna van precedidos por sueños. En el cuarto y último de ellos Chernyshevski presenta su sociedad utópica y falansterio particular: un palacio de aluminio y cristal, inspirado en el Palacio de Cristal de Joseph Paxton (2), en el que la gente trabaja por las mañanas, canta y discute de filosofía por las tardes, y es permanentemente feliz.


Para finalizar, la más intrigante respuesta al "¿Qué hacer?" proviene de Dostoyevski que, en sus “Apuntes del subsuelo”, opone a los insípidos Eloi de Chernyshevski un potentísimo Morlock.


(1) Esta expresión se la dedicaba la “cadizpedia” al anarquista Fermín Salvochea. Me hizo gracia, y encaja muy bien aquí.
(2) El Palacio de Cristal de Paxton fue destruido por un incendio, pero los madrileños aún pueden visitar el del Retiro, que está inspirado en él.


Imágenes: 1.- Nikolai Chernishevsky. 2.- Diseño de un falansterio. 3.- Colaboradores habituales de Sovremennik antes de que Chernyshevski y Dobrolyuvov impusieran su linea editorial. El segundo por la izquierda es Turgénev, y el tercero Tolstoy. 4.- Dobrolyubov. 5.- El Palacio de Cristal de Paxton, que se usó en la Gran Exposición de 1851. 6.- El Palacio de Cristal del Retiro, inspirado en el de Paxton.

7 comentarios:

Garikoitz Lindbergh dijo...

Nikolai, "Cherni" para los amigos, también promete, así que ya nos dirá cosas, Sr. Navarth.

Asturianín dijo...

A la espera quedo, D. Navarth.

No soy amable (que también puede ser verdad que lo sea). Soy sincero. O eso creo. En estos tiempos revueltos y confusos, ya no estoy seguro ni de mi mismo.

No tarde mucho con el próximo capítulo, porfa.

Avizor dijo...

A la espera tambien.

Gaugamela dijo...

El mareo espacio-temporal va muy bien con la ciencia-ficción ¿no?
Esto promete.
Esperamos, don Navarth.

Avizor dijo...

Tremendo lo del relativismo moral de estos sujetos, sobre todo cuando el angelito Pisarev plantea lo de matar a la propia madre.
Muy agradecido Sr. Navarth por la entrada y un saludo.

navarth dijo...

Estimado AVIZOR, si persiste en su amabilidad de visitar estas entradas le presentaré algunos angelitos aún peores. Saludos.

navarth dijo...

Como esta entrada se ha publicado en dos fases, una de las cuales he eliminado, recupero los comentarios que se habían quedado en ella:

Gaugamela dijo...
Supongo que los cantarines tendrían bien educada la voz y buen oído, porque una afonia es un fastidio para ponerse después a charlar sobre filosofía. Digo.
Por otra parte, interesantísimo, para no variar. Resultó fructífera la espera.
23 DE JULIO DE 2012 11:10

navarth dijo...
Estimada GAUGAMELA, seguramente en el paraíso socialista no existirá la afonía, lo que permitirá esas apasionantes conversaciones filosóficas después del trabajo y el canto. Por cierto, verá que he duplicado esta entrada para que aparezca como la más reciente, pero cuando cuelgue la próxima la borraré y, si no tiene inconveniente, trasladaré los comentarios a la entrada original de junio. Saludos
24 DE JULIO DE 2012 00:25

Gaugamela dijo...
Allí me fui el día que anunció lá nueva entrada. Recordaba que me(nos) quedé más colgada que lá ropa en el tendedero, a la espera del desarrollo de aquel inicio. Y luego di con ésta. Espero no perderme.
Por cierto, ayer, leyendo al Patrón en la Argos, me vino a lá mente ese mundo idílico que soñaban estos personajes a los que se refiere en el texto. Deduje que las raíces son muy profundas o los tentáculos muy alargados. Algún paralelismo vi.
24 DE JULIO DE 2012 07:17

luigi dijo...
En busca del Paraiso: Te liberaré hasta que te mate.
24 DE JULIO DE 2012 09:38

navarth dijo...
LUIGI, me ha gustado tanto que he estado a punto de poner un emoticón exultante (que Sans-Foy me perdone) Un abrazo.
25 DE JULIO DE 2012 00:35

luigi dijo...
¡Bendito Sans-Foy!
25 DE JULIO DE 2012 02:35