domingo, 10 de julio de 2011

HISTORIA DEL JAPON (12): LA ERA SENGOKU


La Guerra Ônin marca el inicio del Sengoku jidai, el “periodo de los estados en guerra”, que abarca desde la mitad del siglo XV hasta comienzos del XVII. Todo empezó con el declinar de los sucesivos shôgun Ashikaga y el desvanecimiento del poder central, que fue gradualmente asumido por los antiguos gobernadores provinciales. Eran estos los shugo, que cuando llegaron a ser virtualmente independientes se llamaron daimyô, señores absolutos en sus respectivos Reinos de Taifas. Una vez independizados del poder central (aunque todos ellos continuaban venerando al Emperador), los daimyô se dedicaron a acrecentar su poder a costa de sus vecinos, y así, poco a poco, el poder disperso volvió a reunirse. Como una gota de mercurio que se estrellase contra el suelo y se fragmentara en otras más pequeñas, y después las más grandes de éstas fueran absorbiendo a las menores hasta volverse a reunir en un todo. Todo esto a lo largo de un siglo y medio.


En 1542, el portugués Fernando Mendes Pinto salió de la colonia de Macao en dirección a Portugal. Una tormenta lo desvió de su rumbo e hizo que tuviera que refugiarse en Tanegashima, un puerto de Kyushu. Los portugueses fueron llevados ante el daimyô local, que se mostró muy impresionado por los arcabuces que llevaban. Los japoneses ya conocían, a través de los chinos, la pólvora y distintas armas de fuego, básicamente para asedio, pero nada parecido a estas armas ligeras. Después de estudiarlos detenidamente consiguieron reproducirlos, iniciando una exitosa tradición de imitación de tecnología. Estos arcabuces, a los que denominaron Tanegashima, por el puerto a través del que habían llegado, o teppô, suscitaron el desagrado de los samurai, ya que mataban de una manera impersonal que no permitía poner en evidencia el valor de los contendientes. Otra vez el gekokujô. Pero el pragmatismo volvió a imponerse, y poco a poco fue extendiéndose su uso, primero como un arma auxiliar, y, finalmente, como un arma decisiva en la batalla.


En uno de sus viajes Mendes Pinto regresó de Japón con un fugitivo llamado Anjiro. En Goa, Anjiro conoció al jesuita Francisco Javier, que se preparaba para evangelizar el Japón, y que lo convenció para que lo acompañara como intérprete. En 1549 llegaron a Kagoshima. A pesar de la formidable barrera idiomática, y la dificultad de transmitir ciertos conceptos teológicos cristianos, Francisco Javier consiguió crear congregaciones jesuitas estables en Hirado y Yamaguchi.


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Imágenes:
1.- El daimyô Uesugi Kenshin, del que hablaré en una próxima entrada, luciendo una magnífica armadura sengoku.
2. Tanegashima, arcabuz japonés.
3.- Arcabuceros.
4. Estatua de Francisco Javier y Anjiro en Kagoshima.

5 comentarios:

Laslo a Sotavento dijo...

Del arcabuz a la"nikon".

Siempre la misma historia.

Un fuerte abrazo mi prolífico amigo.

Pd/Mirese fijamente a los ojos en el espejo y repita conmigo: Twitter es bueeeeno, twitter es necesaaaario, tengo que inscribirme en Twiiiiitter.
Cuando cuente hasta tres despertara.

un, dos, tr.....

Brunilda dijo...

Omoshiroii des ne. "Gekokujô" Spein-go de nan des ka?

navarth dijo...

Arigato gozaimasu. "Gekokujô" wa, "Nihon no monogatari (10)" mite kudasai.

navarth dijo...

Que curioso, hoy me he despertado pensando en twitter.

Brunilda dijo...

Wakarimashita. Lo shita triunfando sobre lo ue.