domingo, 1 de mayo de 2011

HISTORIA DEL JAPON (9): EL PERIODO MUROMACHI


Ashikaga Takauji instauró su bakufu en Kyoto, en el distrito de Muromachi, y así es llamado el periodo que media entre 1338 y 1573. También es conocido como bakufu Ashikaga, pues los sucesivos shôgun fueron descendientes de Takauji. Y es que en todos aquéllos que acceden al poder se revela uno de los más potentes (y absurdos) instintos humanos: el deseo de inmortalidad. En este caso la muerte se intenta vencer mediante la instauración de una dinastía: mientras sus descendientes gobiernan, sus antecesores se perpetúan en ellos. Por eso, no sólo el título de Emperador era hereditario, sino que también acabó imponiéndose esta condición en los puestos de shôgun y shikken. El impulso emocional es, pues, lo primero, y sólo después vienen las racionalizaciones para sostener la legitimidad de cada dinastía. Pero, curiosamente, es frecuente que estas racionalizaciones acaben cristalizando. Por ejemplo, como los Ashikaga descendían de los Minamoto, lo alegaron como título de legitimidad para ocupar el shogunato, y con el tiempo la acreditación del parentesco con esta familia se fue convirtiendo en un requisito para acceder al cargo.

Mientras tanto, entretenidos en sus luchas por el poder central, los sucesivos shôgun fueron perdiendo poder en las provincias a favor de los gobernadores de éstas. Eran éstos los shugo, grandes samurai que, al menos nominalmente, ejercían el poder provincial en nombre de la autoridad central. Con el tiempo, la tendencia centrífuga provocará la desintegración del poder en pequeños reinos de Taifas. Entonces los shugo, que ya serán gobernadores absolutos en sus respectivos territorios, pasarán a llamarse daimyô, y se dedicarán a guerrear entre sí con entusiasmo. Este periodo será llamado sengoku jidai, periodo de los estados en guerra, y culminará con un proceso centrípeto inverso en el cuál, a través de la acción de tres sucesivos unificadores, todo el poder disperso volverá a reagruparse en la persona de un shôgun. Pero no adelantemos acontecimientos.


El tercer shôgun Ashikaga, Yoshimitsu, fue un personaje excepcional. Gran guerrero, excelente político, y aquejado de inquietudes artísticas y culturales, en 1395, con sólo 36 años, abandonó el shogunato y se retiró a vivir al palacio que se había hecho construir al norte de Kyoto. Era un lugar maravilloso cuya más famosa construcción era el “Pabellón Dorado”, un edificio de tres plantas, cada una de un estilo diferente, revestido con hojas de oro y rodeado de estanques que estimulaban la reflexión. Durante el gobierno de Ashikaga Yoshimitsu la corte meridional reconoció la inutilidad de su resistencia y abandonó sus pretensiones. El actual Emperador de Japón desciende, pues, de la rama septentrional.
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Imágenes:
1. Ashikaga Yoshimitsu.
2. El Pabellón Dorado.

2 comentarios:

Carmen Quirós dijo...

Me ha encantado, Navarth.

navarth dijo...

Muchas gracias Carmen. En días como hoy, después de ver cómo la delegación del PSOE en el Tribunal Constitucional permite que ETA se presente a las elecciones, y después de ver la absoluta indiferencia de la mayoría de la gente, creo que lo único que nos queda es refugiarnos en la historia de Japón. O directamente en Japón.