sábado, 16 de abril de 2011

HISTORIA DEL JAPON (7): LA PERTURBADORA ATENCIÓN DEL KHAN



Los sucesivos regentes continuaron dirigiendo el shogunato de Kamakura, y durante medio siglo reinó la paz. En 1268, en tiempos del shikken Hôjô Tokimune, llegó a Kamakura un mensajero de Kublai Khan para entregar una carta en la que el Emperador mongol de China exigía a Japón el pago de un tributo y el reconocimiento de su soberanía. Tokimune rehusó contestar, y Kublai Khan, aparejando una armada de 800 barcos y 30.000 hombres, emprendió la invasión de las islas más cercanas al continente. El arte mongol de la guerra desconcertó a los samurai, acostumbrados a un modo ritual y caballeresco de combatir. Los mongoles se basaban en movimientos de grandes masas de combatientes, una técnica que abrumaba a los japoneses, para los que la guerra era un asunto entre guerreros de igual rango, abundante en desafíos y combates individuales. En 1275 los mongoles llegaron a Kyushu y desembarcaron en la bahía de Hakata. A pesar de su inferioridad, los samurai se defendieron con tenacidad y obligaron a los mongoles a reembarcar, causándoles 12.000 bajas en el intento.


Pero no había sido más que el primer asalto, y Kublai Khan continuó requiriendo vasallaje al regente. Cuando la frecuencia de los mensajeros se incrementó, Tokimune tomo dos medidas, comenzar a decapitarlos y fortificar la bahía de Hakata. En 1280 Kublai Kan volvió a atacar. En esta ocasión había preparado una masiva armada de 4.400 barcos y 200.000 hombres, dividida en dos escuadras. La primera partiría desde el este, desde las costas de Corea; la segunda, mucho más numerosa desde el sur, desde China. Cuando la primera escuadra llegó a Hakata, su comandante decidió atacar sin esperar a la segunda. Una vez más, la desesperada resistencia de los samurai ralentizó el desembarco de los invasores, pero las noticias de la inminente llegada de la segunda escuadra hicieron presagiar que el fin estaba próximo. Sólo quedaba a mano la ayuda divina, pero el prudente Tokimune tampoco había descuidado este aspecto, y, mientras esperaba la llegada de la flota, había enviado al Emperador al Gran Santuario Ise para solicitar la ayuda de la diosa Amaterasu. Así, en el momento de mayor desesperación, los japoneses que esperaban la llegada de las naves del Khan vieron cómo el cielo se tornaba completamente negro. Entonces entendieron que la ayuda de Amaterasu se materializaba en forma de un kamikaze, de un imparable viento divino que se abatió sobre los barcos invasores, desarbolándolos y hundiéndolos.


Sólo un tercio de los atacantes consiguió salvarse y volver al continente. El Khan planeó un tercer asalto, aún mayor, pero no llegó a materializarse, posiblemente porque el esfuerzo económico había sido excesivo. También Japón se hallaba en bancarrota después de su victoria, heroica, pero que no había aportado territorios ni botín. Peor aún fue que Tokimune falleciera en 1284, y durante muchos años el cargo de shikken no volviera a ser ocupado por una persona tan enérgica.
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Imagen 1. Retrato de Kublai Khan por el artista y astrónomo nepalí Anige (1294)
Imagen 2. Mongoles asaeteando a un samurai.
Imagen 3. La segunda batalla de Hakata.

3 comentarios:

Brunilda dijo...

Omoshiroi des!! Nihon no "historia" kaite kudasai.

Carmen Quirós dijo...

Tengo un problema. Antes existían «los aficionados»: personas que se aficionaban a algo y le dedicaban todo el tiempo que podían y parte del que no podían. Ahora existen «los adictos», que son lo mismo; pero se les considera enfermos de lo suyo de la cabeza que deben ser tratados como los poseídos por el diablo o algo peor.

Sus entradas están rescatando mi adormecida afición y corro peligro de convertirme en adicta. Contendré mis ansias de sumergirme en la historia de Oriente y me limitaré a esperar una nueva entrega. Confío que esta cautela me libre de peligro; pero no me calmo. Cuanto más ahonde en la épica japonesa, más intensa será mi ansia de saber más...

¡Duros tiempos los de las adicciones!

navarth dijo...

Caramba doña Carmen, muchísimas gracias. Es usted excesivamente amable. Jamás pensé que mi modestísima aproximación a la historia del Japón tuviera efectos adictivos. Pues nada, me pongo a preparar las siguientes entradas. Como parece ser que esta Semana Santa va a hacer mal tiempo, no tendré excusas para no hacerlo. Un abrazo.