jueves, 11 de noviembre de 2010

ESPAÑA Y EL ESTADO DE DECORO

Llamemos ‘estado de decoro’ a aquél en el que rige la obligación de sujetarse a unas normas de higiene y honestidad intelectual, tales como la sumisión a los principios de la lógica y la coherencia (y la proscripción de los sofismas), con la correspondiente imposición de penas de rubor intelectual a los que son sorprendidos en flagrante infracción de dichos principios.

Lo llamo ‘estado de decoro’ para poder establecer una cierta analogía con el ‘estado de derecho’. Porque, del mismo modo que hay quien se cree legitimado para permanecer al margen del estado de derecho por una causa superior (que él propio infractor decide), hay quien piensa que puede funcionar al margen del ‘estado de decoro’. Es este, una vez más, el caso de
El País, que seguro que también lo hace por una buena causa (el triunfo duradero de la progresía y, de paso, de su propia cuenta bancaria). Yo no estoy de acuerdo, y creo que desde hace mucho tiempo El País debería cumplir la merecida condena por ridículo intelectual, que lleva aparejada una pérdida completa de credibilidad.

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