viernes, 8 de octubre de 2010

EN EL ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL CHE

El Che Guevara es el ejemplo perfecto de "iluminado”. Llamo así a los que consideran la vida un gigantesco escenario diseñado para su exclusivo lucimiento, por el que pasean como si los focos estuvieran permanentemente dirigidos hacia ellos. Ellos son los protagonistas absolutos de la obra: los demás carecen de importancia, aunque el iluminado suela afirmar virtuosamente que todo lo hace por ellos. Todos, desde luego, deseamos representar un papel interesante en la vida. ¿Qué es, por tanto, lo que distingue a los iluminados? La desmesura. Un exceso de egolatría que se manifiesta en considerar que todo lo externo a él es mero decorado. Su peligro es, por tanto, tremendo, porque el destino del atrezzo (es decir, de todos los demás) no les preocupa en absoluto.

Un ejemplo. Todo parece indicar que el Che sufrió un ataque de frustración e ira cuando comprobó que la crisis de los misiles rusos en Cuba no desembocaba en un estallido nuclear, que él consideraba el final apocalíptico idóneo para su historia (es decir, para la historia del mundo)*. Envuelto en su palabrería de fraternidad y solidaridad, estaba dispuesto a llevar a la muerte a millones de personas para su lucimiento. Por eso, a pesar de su indiscutible arrojo, el Che es un personaje (y en su caso esta denominación es exacta) que me provoca una profunda aversión.

Aquí y ahora tenemos también muchísimos iluminados. Por ejemplo, la tendencia, perfectamente destructiva, a considerar España un decorado es un síntoma claramente visible en Zapatero, a quien todos los destrozos que lo sobrevivan le resultan irrelevantes. Pero mi preferido es Garzón, al que sus excesos teatrales parecen estar reconduciendo, afortunadamente, a la condición de actor secundario.

* El Che Guevara en el Daily Worker, criticando el acuerdo entre Kennedy y Jruschov: ”Si los cohetes hubieran permanecido, los hubiéramos usado todos y dirigido hacia el corazón mismo de los Estados Unidos, incluyendo Nueva York, en nuestra defensa contra la agresión.”

p.d. No se pierdan el excelente libro de Jorge Castañeda “Compañero”

11 comentarios:

BenGunn dijo...

Penetrante retrato. Entre las frases más conocidas del Che hay muchas que mencionan la muerte o la destrucción:

Más vale morir de pie que vivir arrodillado.

Patria o muerte.

Si avanzo, sígueme; si me paro, empújame; si retrocedo, mátame.

Hay que crear uno, dos, muchos Vietnams
.

Es evidente que la muerte le obsesionaba y que deseaba un final heroico que le consagrase como un mártir de la revolución. Su figura y el culto de que es objeto recuerda la estetización de la muerte entre los nazis. No conozco ninguna figura en la izquierda que desprenda un aroma tan intenso a fascismo. En un lugar y una época distintos habría sido un entregado integrante de las SS.

BenGunn dijo...

Por cierto, como buen asceta de la revolución, también era un misógino. Navegando por la web me he encontrado esta frase suya: Hay dos clases de mujeres, las feas y las que se pintan.

navarth dijo...

Es evidente que la muerte le obsesionaba y que deseaba un final heroico que le consagrase como un mártir de la revolución.

Exacto. Pero además, estos personajes resultan tanto más cargantes cuanto más se envuelven en una retórica de fraternidad, ya que, en realidad, los demás no les preocupan más que por su relación con la historia que ellos protagonizan. Por eso es frecuente que se desenvuelvan bien en las palabras altisonantes y mal en las relaciones reales. No sé quien decía eso de que es más fácil solidarizarse con la humanidad que con el vecino que nos cruzamos por las escaleras, pero posiblemente es aplicable al Che.

¡Y encima misógino!

BenGunn dijo...

No sé quien decía eso de que es más fácil solidarizarse con la humanidad que con el vecino que nos cruzamos por las escaleras.

Eso me recuerda una frase de no recuerdo qué escritor francés: Un intelectual es alguien que no puede permitirse ayudar a una anciana a cruzar la calle porque llega tarde a firmar un manifiesto contra el hambre en Biafra.

No es muy aplicable al Che, que no tenía mucho de intelectual, pero cualquier pretexto es bueno para citarla.

navarth dijo...

Es buenísima Ben Gunn. Me la apunto.

Carlota dijo...

Genialmente explicado

Carlota dijo...

Aprovecho para felicitar en este lugar más discreto a don BenGunn por su síntesis -la utilidad de la crisis en la biografía de Nuestro Iluminado- merecidamente radiada esta mañana.
-0-0-
Ernesto Guevara tal vez no era un intelectual en todo el sentido de la palabra, pero lo era en el aspecto que aquí se subraya.
¿Puedo volver a recomendar "Intelectuales" de Paul Johnson?

navarth dijo...

Bienvenida Carlota, está usted en su casa. La felicitación a BEN GUNN es muy pertinente. Por cierto el comentario de ZP lo delata como un iluminado de manual: todo, incluida la crisis, es parte del decorado diseñado para que Él se mueva.

En cuanto a las recomendaciones, por favor hágalas. Francamente, nunca he entendido muy bien la ceremonia, recomendada por los bibliófilos, de entrar en las librerías, tocar los libros (e incluso olerlos), y elegir uno guiado por la propia intuición. Me parece mucho más sensato esperar las recomendaciones y materializarlas vía Internet. Ahora mismo voy a comprar “Intelectuales”. Saludos.

BenGunn dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
BenGunn dijo...

Gracias, CARLOTA (no sabe usted el corte que me dan estas cosas). D. NAVARTH, estoy de acuerdo en que Internet es un regalo del cielo para un aficionado a la lectura, pero recuerde que las librerías tienen la enorme ventaja de que uno puede hojear los libros antes de comprarlos (e incluso, si uno tiene el mismo morro que mi hermano, leérselos enteros acudiendo varios días al mismo local).

Le tengo ganas desde hace algún tiempo al libro de Johnson. En cuanto me recupere de ciertos gastos extraordinarios en los que he incurrido este mes, será de los primeros en caer. Otro que me tienta es Intellectuals and Society, de Thomas Sowell. Conozco otras obras de Sowell (The Vision of the Anointed y La discriminación positiva en el mundo) y es un pensador siempre estimulante.

Otros libros que me gustaron sobre los intelectuales:

Intelectuales contra el intelecto, una sucinta colección de ensayos de Leszek Kolakowski.

The Reckless Mind, Intellectuals in Politics, de Mark Lilla, una amena colección de retratos de intelectuales seducidos, de forma más o menos velada, por el totalitarismo (Heidegger, Carl Schmitt, Walter Benjamin, Foucault, Derrida y Alexandre Kojéve)

Y un libro por el que tengo una querencia especial, The True Believer, Thoughts on the Nature of Mass Movements, de Eric Hoffer. Hoffer fue un personaje peculiar, sin apenas educación formal (trabajó gran parte de su vida como estibador), lo que no le impidió adquirir una amplísima cultura y un estilo literario esmerado. The True Believer es una obra muy lúcida sobre el extremismo político y los factores psicológicos y sociales que lo favorecen. Contiene algunas reflexiones sobre los intelectuales (los "men of words", como les llama el autor) y su papel en los movimientos políticos radicales que creo que les interesarán.

navarth dijo...

Ben Gunn, disculpe que no le haya contestado antes pero, a una carga tremenda de trabajo, se une la idea que me ronda la cabeza. En concreto, es esta. Creo que estas recomendaciones son muy valiosas(para mi, desde luego, son fundamentales), y estaba pensando crear un blog en donde colgarlas. Estoy en ello, y pronto daré noticias. Saludos.