viernes, 6 de noviembre de 2009

LOS HOMBRES QUE NO AMABAN LOS GUIONES

Un país europeo es gobernado por personajes de la talla intelectual de Zapatero, Aído, Blanco y Pajín. Obama recibe el Premio Nobel Preventivo de la Paz. 'Los hombres que no amaban a las mujeres' es un éxito. ¿Son síntomas relevantes? ¿Debemos comenzar a sacar conclusiones muy pesimistas sobre el estado de salud de Occidente?* Como el fenómeno Millenium me despertaba bastante curiosidad, pero no la suficiente como para leer el libro, el pasado fin de semana opté por ver la película.

Lo más interesante de la película es que muestra un repertorio bastante exhaustivo de los tópicos políticamente correctos para el progresismo al uso:

a) La protagonista es alternativa, contracultural, feísta y antisistema.

b) La autoridad está representada por el tutor, que es un malvado que se dedica a sodomizar a la protagonista (a pesar de ser feísta).

c) Los ricos que aparecen no sólo son codiciosos y ladrones, algo que se da por descontado. También son increíblemente depravados (el asesino y su padre son perfectamente inverosímiles) e incluso ¡nazis! Yo siempre había pensado que el comportamiento de Suecia en la SGM había sido ejemplar, pero ahora resulta que estaba llena de nazis (aunque todos parecen haberse concentrado en la misma familia)
.
d) Los roles sexuales están intercambiados. El protagonista masculino es absolutamente femenino (es delicado, desamparado y tiene que ser salvado continuamente por la protagonista, que asume el rol masculino), y parece representar el ‘nuevo modelo de masculinidad’ que Bibiana Aído, en una entrevista, dijo que aspiraba a imponer (que Dios nos asista). Obsérvese que no es que desaparezcan las conductas machistas, sino que son asumidas por la protagonista, especialmente en el terreno erótico (por llamarlo de alguna manera) donde se comporta como un camionero al que sólo le falta eructar y pedir una cerveza.

Pero eso no es lo peor. Realmente, resulta difícil mantener la ecuanimidad cuando el autor, que comienza creando un escenario de crimen imposible, al estilo de Agatha Christie (una mujer desaparece de una isla cuyo único puente de acceso estaba en ese momento cortado), acaba revelando al espectador que la desaparecida se había marchado tranquilamente en coche, por ese mismo puente, antes de que fuera cortado.

Tampoco es fácil resistir estoicamente la secuencia en la que el periodista (por cierto ¿por qué contratan a un periodista en lugar de a un detective?) descubre a la desaparecida y a su presunto asesino en las fiestas de un pueblo, gracias a que, aparentemente, un fotógrafo anónimo se ha dedicado a cubrir el evento en tiempo real, fotograma a fotograma. No es fácil, además, aceptar que el asesino lleve en todas las fotografías el mismo jersey absurdo, lo que le permite ser reconocido.

Lo peor es cuando el espectador descubre que Larsson, el autor, no debía de tener ni puta idea de cómo funciona Internet, y por eso le parecía muy normal que la protagonista punky se siente en un ordenador y sea capaz de hacer absolutamente todo, desde robarle el dinero al empresario corrupto hasta averiguar quién mato a Kennedy.

En resumen, lo mejor que puedo decir de esta película es que hace buena a El Código de Vinci’. Suyo afectísimo.


*Pues casi sí

10 comentarios:

luigi dijo...

Bien, Navarth, gracias a su publicidad negativa ha conseguido que quiera ver la película. Unicamente por comprobar que es verdad el imposible que usted afirma: que Los hombres que no amaban a las mujeres es peor que El Código de Vinci.

navarth dijo...

Luigi, espero impaciente que después de verla me comente sus impresiones (pero luego no diga que se lo advertí) Suerte, pues, y que la fuerza lo acompañe.

Brunilda dijo...

Luigi no se lo crea. El Código da Vinci es mucho peor. Pero de ésta me fastidia además lo sórdido y feo que sacan Estocolmo, con lo bonito que es.

luigi dijo...

Gracias, Brunilda, algo me dice que va a tener usted más razón que Navarth. Pero esperemos...

benjamingrullo dijo...

El dueño de Ikea fue nazi, y el propio Ingmar Bergman. Hubo un montón de nazismo en Suecia, de hecho lo hubo en todo el mundo. Hitler era un tipo muy popular.

benjamingrullo dijo...

Yo caí en el fenómeno Larsson y me leí la primera novela. Me interesa el entretenimiento y la capacidad de mantener la atención del lector, así que cuando surgen estos fenómenos, los estudio y desmenuzo las novelas por eso, para ver cómo lo hacen, cómo consiguen enganchar y absorber. Son 700 páginas, y no es poco mérito conseguir que la gente las lea.

Lo de El Código da Vinci lo entendí, lo de Los hombres que no amaban a las mujeres, un poco menos. Sospecho que la razón última del éxito fue una magnífica campaña publicitaria. Aún así, el personaje de Lisbeth Salander es lo mejor de la novela. En la peli pierde mucho. Claro que una película es mucho más exigente que un libro.

La peli es malísima.

Disfrutad del viernes.

navarth dijo...

Vaya, otro mito que se me cae. En serio, me gusto mucho la parte de ‘Eichmann en Jerusalén’ (te debo la recomendación) en la que se describían las reacciones, muy variadas, de los distintos países europeos a la persecución judía, y parece que en Suecia y Dinamarca se portaron bastante bien.

yapoco dijo...

Yo vi la película entretenido en ver cómo se plasmaba la novela en la pantalla, qué caras tenían los personajes, cómo eran los escenarios, qué tijeretazos se daban al argumento y cosas así. Pero me quedó la duda de si la película sería interesante para alguien que no hubiera leído el libro, porque me pareció floja.
La primera novela me resultó entretenida. La segunda ya me pareció un folletín. Y la tercera me pareció un esperpento.
Y dé gracias, Navarth, a que en el flin no aparece la modélica relación adúltera entre el protagonista y su socia de la revista.

navarth dijo...

No, si al final voy a tener que leerme el libro.

Kiko dijo...

Me ha gustado mucho tu entrada. Un análisis crítico muy acertado. Las versiones cinematográficas son penosas. En cuanto a las novelas, también tienen algo del mundo según Bibiana Aído, pero se salvan, como tantas otras historias poco verosímiles, gracias al talento narrativo del autor (pienso en particular en Carlos Ruiz Zafón), cual no es el caso ni del guionista ni del director de las dos entregas cinematográficas. Y mejor no hablar de los actores.

Sin embargo, en tanto que consumidor de ficción, no me ruboriza admitir que disfruté leyendo a Stieg Larsson; administra muy bien los tiempos e ingredientes dramáticos al puro estilo novelistas por entregas del XIX, tipo Balzac. Sí echo en cambio en falta algo menos de simpleza en cuanto al tratamiento de los personajes: los buenos lo son y mucho al igual que los malos son muy malos. En este punto la referencia a Balzac deja de hacerle justicia al propio Balzac.

Un saludo.