jueves, 5 de noviembre de 2009

HISTORIA DEL JAPON (4): EL DESAFORADO FINAL DE LOS TAIRA


A partir de 1183 Minamoto Yoshitsune llevó a cabo una imparable campaña militar contra los Taira, que se vieron obligados a emprender sucesivas retiradas hasta acabar replegados en su formidable fortaleza de Ichi no Tani que, protegida por las montañas y el mar, era considerada virtualmente inexpugnable. Defendiéndola se encontraban los tres nietos de Taira Kiyomori, y en la bahía permanecía anclada su flota, pues los Taira poseían numerosos feudos en Shikoku y Kiûshû. En marzo de 1184 Yoshitsune dispuso el ataque a la fortaleza dividiendo a sus fuerzas en dos grupos. El más numeroso llevaría a cabo un ataque frontal, mientras que otro más reducido, dirigido por el propio Yoshitsune, emprendería una arriesgada cabalgada por las montañas que protegían la espalda de Ichi no Tani. Así ocurrió que, mientras los Taira se encontraban repeliendo el primer ataque, Yoshitsune y sus hombres cayeron a sus espaldas a través de un acantilado casi vertical, protagonizando un vertiginoso descenso que aterrorizó por igual a atacados y a atacantes. A pesar de que, según las crónicas, la impresión hizo que los jinetes realizaran la última parte del descenso con los ojos cerrados, la carga arrolló a los Taira que, con numerosas bajas, se retiraron en desbandada a sus barcos.
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Los triunfos de Yoshitsune comenzaron a despertar la envidia y el recelo de Yoritomo. Sin embargo, ajeno a las intrigas que se desencadenaban a sus espaldas, Yoshitsune comenzó a reunir una flota para atacar a los Taira en Shikoku, donde, a todo esto, habían llevado consigo al Emperador y las Insignias Imperiales. La batalla naval definitiva tuvo lugar en Dan no Ura. Yoshitsune gozaba de superioridad numérica, tanto en hombres como en naves, de modo que los Taira, comprendiendo que todo estaba perdido, iniciaron un suicidio masivo. Uno de los nietos de Taira Kiyomori se ató un ancla a la cintura y se lanzó a las olas, hundiéndose como una piedra. Otro, agarró firmemente a dos guerreros Minamoto por el cuello y saltó a su vez al mar. Un tercero se puso una armadura adicional y se zambulló a su vez. Finalmente, también la viuda de Kiyomasa, la abuela del Emperador, saltó tras coger a su nieto en brazos. Los Taira desaparecieron, pues, bajo las olas, y fue una gran pérdida para Japón. La familia había aportado numerosos artistas, además de valientes guerreros. Pero la última víctima de la batalla fue el propio Yoshitsune, cuyos éxitos militares iban pavimentando, paradójicamente, el camino de su destrucción.



Grabado superior: La carga de Minamoto Yoshitsune en Ichi no Tani
Grabado inferior: Yoshitsune y Benkei practicando ohanami (contemplación de los cerezos en flor) después de Ichi no Tani

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