lunes, 30 de noviembre de 2009

EL EXPERIMENTO DE MILGRAM

El otro día, en Onda Cero, un tertuliano explicó que, a la hora de analizar los comportamientos políticos de otras personas, las sometía mentalmente al test de las ‘camisas pardas’, que básicamente consistía en preguntarse cómo habría reaccionado tal o cual persona en la Alemania de los años 30. Obviamente, el mismo no se aplicaba el test, o más bien daba por hecho que lo habría superado satisfactoriamente.

En ‘El efecto Lucifer’ el psicólogo Philip Zimbardo distingue entre factores disposicionales, aquellos propios de cada persona, y factores situacionales, e insiste en que estos últimos son decisivos a la hora de desencadenar el mal. El libro se basa en el experimento que el propio Zimbardo realizó en la Universidad de Stanford, dividiendo a una serie de voluntarios entre vigilantes y reclusos de una supuesta prisión, y consiguiendo que los primeros se comportaran con maldad inducidos por la situación y el papel que se veían obligados a representar. Sin embargo este experimento no es tan interesante como otros que también se describen en el libro, como el del sociólogo de la Universidad de Yale Stanley Milgram.

Milgram se proponía demostrar el poder de la autoridad para conseguir que una persona común realice actos dañinos hacia otra. Comenzó insertando un anuncio en un diario local solicitando voluntarios para la realización de un experimento universitario sobre la memoria. El candidato que acudía al reclamo del anuncio era recibido por una persona con bata blanca y aire serio que le presentaba a otro voluntario que acababa de llegar. En el experimento uno de ellos haría el papel de 'alumno', y otro el de 'maestro'. Al 'alumno', le sería proporcionada una serie de palabras que tendría que memorizar, y después sería examinado por el 'maestro', que le administraría cargas eléctricas cada vez que cometiera un fallo. La intensidad de las descargas aumentaría 15 voltios con cada nuevo error, a lo largo de una escala que, partiendo de 15 voltios, llegaba hasta un máximo de 450 voltios (el doble del voltaje habitual en los hogares). A continuación se sorteaban los papeles, aunque en realidad el sorteo estaba preparado: la persona a la que le tocaba desempeñar el papel de alumno era cómplice del experimento, y el verdadero objeto del estudio era la persona a la que le correspondía actuar como maestro. El alumno era entonces sujeto a una especie de silla eléctrica, y se fijaban unos electrodos a su brazo. El maestro era situado en una habitación adyacente frente a una consola de aspecto impresionante, en la que una hilera de interruptores y luces indicaban la progresión de la intensidad del voltaje y del castigo. El último de los preparativos consistía en administrar al maestro una pequeña descarga, levemente dolorosa, para que se hiciera una idea de lo que el alumno tendría que soportar.

Pueden ver el experimento aquí. Se trata de una versión actual, idéntica a la original realizada en los años 60. Como verán, el 'alumno' sucesivamente, protesta, grita de forma desgarradora, suplica que le dejen ir y alega problemas de corazón conforme la intensidad de los castigos crece. Desde luego los 'maestros' no son inmunes a los padecimientos del alumno, y perceptiblemente sufren a su vez intensas emociones a lo largo del experimento, pero cada vez que protestan o expresan sus dudas ante el experimentador éste les contesta sencillamente que deben continuar con el experimento. Finalmente, a partir de los 300 voltios el alumno deja de emitir sonidos por completo. Por lo que el maestro sabe, puede estar inconsciente o muerto, sin embargo el experimentador insiste en que se debe proceder hasta el final.

Previamente a la realización del experimento Milgram se había reunido con una serie de colegas y les había pedido que se aventuraran a realizar una predicción sobre sus resultados. La opinión generalizada fue que la mayoría de los candidatos abandonaría antes de llegar a los 120 voltios, y que sólo algún sádico, cuya probabilidad estimaron en un 0,1% llegaría hasta el final. En realidad, más de un 64% lo hizo.

En sus conclusiones Milgram afirmó que ”la extrema buena voluntad de los adultos para aceptar casi cualquier requerimiento ordenado por la autoridad constituye el principal descubrimiento del estudio.” Sin embargo el poder de la autoridad no es el único factor relevante en el experimento, y, de hecho, en posteriores experimentos Milgram consiguió que, variando algunos factores situacionales de los mismos, el porcentaje de personas que llegaba hasta el final oscilara desde el 10% hasta el 90% (por ejemplo, situar a varios 'maestros' falsos provocaba una dilución de la responsabilidad que hacía que un mayor número de personas estuviera dispuesto a llegar hasta el final; por el contrario, la presencia de 'maestros' falsos disidentes hacía que un mayor porcentaje se animara a abandonar la prueba) En cualquier caso, esta variación en los resultados es muy importante, pues indica el enorme poder que proporciona la posibilidad de crear factores situacionales adecuados a la hora de obtener cierta respuesta por parte de los individuos.

Por último, debe quedar claro que el reconocimiento de la potencia de los factores situacionales y, en general, de factores ajenos al propio individuo no lo exime (no nos exime) en absoluto de responsabilidad: simplemente nos obliga a ponernos en guardia y a estar mucho más preparados, porque la tarea es mucho más complicada de lo que esperamos. Es muy significativo que, cuando se pregunta a la gente cuál es la reacción que cree que tendría ante el experimento, un 90% contesta que jamás llegaría hasta el final. La realidad es que más del 50% acaba haciéndolo, y es esa incorrecta previsión de nuestras reacciones, reflejada en la diferencia entre ambos porcentajes, lo que revela el peligro, pues llegado el momento, el mal no va a aparecer precedido de heraldos y trompetas, sino de una manera mucho más gradual y sutil.

7 comentarios:

Demon Princes dijo...

El experimento Milgram es muy interesante, es la demostración de la consabida teoría de la presión del Grupo.
Es el mismo efecto que, por ejemplo, lleva a chavales "buenos" a quemar un coche en una manifestación. O el que hace que tus hijos, a pesar de toda la información de la que disponen y de las campañas de concienciación en contra de las drogas o del tabaco, acaben fumando o drogándose.
Me parece importante la anotación final sobre la no exención de la responsabilidad, porque el individuo siempre puede elegir, aunque ciertamente es una cuestión de personalidad.

Por eso lo más importante a la hora de educar a las nuevas generaciones es potenciar la autoestima y la personalidad, o como dice mi hija de seis años (a quien machaco con cuentos de niñas que desobedecen a sus padres por la presión de sus amigas con nefastas consecuencias) es importante creer en uno mismo más que en los demás.
Todo ello naturalmente partiendo de la base de que disponen de una sólida base moral y de la capacidad de juzgar adecuadamente las situaciones a las que se enfrentan. Pero eso es otro asunto; el que es malo, es malo esté solo o acompañado...

navarth dijo...

Bienvenido/a Demon Princes (valoro especialmente el nick). Es muy interesante esto que dices ”como dice mi hija de seis años (a quien machaco con cuentos de niñas que desobedecen a sus padres por la presión de sus amigas con nefastas consecuencias) es importante creer en uno mismo más que en los demás.” porque el propio Milgram era discípulo de Asch, que afirmaba que uno de los motivadores más poderosos de la persona es el deseo de pertenencia al grupo, y, consiguientemente, el sufrimiento que experimenta ante la posibilidad de ser excluida de éste. Saludos.

benjamingrullo dijo...

El experimento Milgram es uno de mis favoritos. También es excepcional el experimento de la prisión de Stanford, del propio Zimbardo, pero mi favorito es éste:

http://video.google.es/videosearch?q=the+wave&hl=es&emb=0&aq=f#q=the+wave&hl=es&emb=0&aq=f&qvid=the+wave&vid=6295516544338309782

Si no te funciona, busca The Wave en google videos.

Lo he recomendado muchas veces en el blog de Santiago. Es el descubrimiento del que estoy más orgulloso. Hay una película (como hay otra del experimento de Zimbardo) pero este clip de 40 minutos es bastante mejor. No te lo pierdas, el poder de invitar a la gente a participar en una narración.

navarth dijo...

Muchas gracias Benjamingrullo, esta tarde lo veré en casa (aquí no me funcionan los altavoces) Muy bueno el comentario de ayer en el blog de Santiago.

benjamingrullo dijo...

Se trata de un vídeo educativo que, según creo, era de visión obligada en los institutos americanos. Así que hay que ser un poco tolerante con la actuación, es un docudrama.

navarth dijo...

Benjamingrullo el vídeo de La Ola es cojonudo (de hecho, he intentado subirlo al blog pero he fracasado estrepitosamente). El profesor debía de ser un genio, porque en el experimento está todo: la predisposición a la autoridad (aunque emita órdenes arbitrarias), el impulso de pertenencia al grupo, el ascenso de personajes insignificantes en el nuevo orden… Es escalofriante comprobar lo tenues que son las líneas rojas, lo fácilmente que el tribalismo se carga a la sociedad abierta, y lo rápidamente que se puede renunciar a la libertad a cambio de la dilución de la responsabilidad en el grupo. Buenísimo.

benjamingrullo dijo...

Creo que la gente no quiere libertad, la gente quiere seguridad en la vida cotidiana y quiere ser, un ser estable en el tiempo, un ser inmortal, quiere identidad. Por eso The Wave me parece con mucho el mejor de los experimentos. (Hay ciento y la madre, en “Cuerdos entre locos” tienes algunos fascinantes). El experimento de conformidad de Asch, me parece una chorrada, porque preguntaba chorradas. A mí no me costaría nada y lo diría por dejadez adecuándome al grupo que la raya más larga es más corta. Otra cosa sería si pusiera ahí una foto de mi madre. El de Milgram y el de Zimbardo me encantan, pero son algo artificiales. El experimento que creo que realmente explica lo que padecemos en el País Vasco es The Wave. En realidad el profesor hace lo mismo que Sabino, Hitler o el reverendo Moon, hacer a la gente partícipe de un relato trascendente, de algo importante. Para mí el más significativo es el tonto de la clase, el marginado que aprende a relacionarse con los demás gracias al Relato y que se queda vacío y roto al final.

Estoy convencido de que la identidad, la identidad colectiva, no es más que el sujeto de un relato que nunca se enuncia explícitamente. Dentro de las ideas, incluso de las más ilustradas, es posible detectar elementos narrativos, o sea religiosos, y son estos a los que realmente reacciona la audiencia, como si la narrativa fuese el instrumento para gestionar nuestro instinto mimético. Los ilustrados renegaron de mitos y elementos narrativos, pero siempre que las ideas se enfrentan al relato de un Nosotros, gana el relato. Hitler era un narrador extraordinario y venció en el país más supuestamente ilustrado del mundo. La ilustración sin relato no va a ningún sitio, y el relato progre hace tiempo que ha dejado de ser ilustrado. En fin, que no quiero agobiarte, pero ya te iré mandando cosas. Llevo años dándole vueltas a todo esto, intentando explicarme cuál es el truco y la capacidad de movilización tan extraordinaria que consiguen los nacionalistas.

Me alegra que te gustase.

*The Wave es un vídeo educativo y algo artificial, si el profesor se llega a creer su propio rol, como le ocurrió a Zimbardo en su experimento, teníamos una magnífica película de terror, muy parecida a la realidad alemana de los años 30. Qué gracia, me estoy acordando ahora mismo de una película excelente, que nunca me ha gustado:
“Puente sobre el río Kwai”. Es una estructura similar. El coronel consigue mantener a la gente unida y con entusiasmo trabajando en la construcción de un proyecto colectivo, un puente (lo mismo que hacían los faraones con las pirámides), lástima que el puente supusiese una colaboración con el enemigo, de lo que sólo se da cuenta al final. Y muere trágicamente:-¡Dios mío! ¿qué he hecho? Cae sobre el detonador y dinamita su propia obra. Casi lo mismo que Hitler. El tipo creó una pirámide, un reich de los mil años, para coordinar a los 60 millones de alemanes desesperados, pero la propia dinámica identitaria que utilizo para salvarles terminó con ellos y con él.