lunes, 11 de mayo de 2009

SOBRE LOS REGALOS

Debo comenzar desengañando al todo aquél que recibe un obsequio en el mundo del trabajo o los negocios: el regalo no se hace con pretensión de liberalidad, sino con carácter oneroso. El que regala pretende sacar un rendimiento del obsequio, que consiste en inclinar la voluntad del obsequiado hacia los intereses del obsequiante. Y con el regalo introduce, en los procesos de decisión en los que interviene el obsequiado, un criterio extra-empresarial: el beneficio personal de este último. Evidentemente, no es lo mismo recibir una botella de vino en Navidades que una invitación a un yate tripulado por modelos eslavas. En el primer caso, el obsequio tiene el modesto objetivo de crear una relación de cordialidad en los negocios. Pero, en el segundo, el regalo es el precio que se paga para obtener un monopolio artificial en un negocio. De este modo, el obsequiante se resarce del coste del regalo una vez conseguido ese monopolio. En resumen, el valor de los obsequios guarda una relación directa con la potencial distorsión de los procesos de decisión en que intervenga el obsequiado. Finalmente, hasta ahora, hemos visto que los regalos presentan suculentos beneficios, tanto para el obsequiante como para el obsequiado. ¿Quiénes pagan el pato? En la empresa privada los perjudicados son los accionistas defraudados por el obsequiado y los competidores del obsequiante. Cuando se trata de políticos, gestores de dinero público, los perjudicados somos todos.

Recapitulo. Son cuatro los factores que definen el regalo en los negocios: 1) presunción del carácter oneroso del mismo, b) concurrencia de capacidad de decisión en el obsequiado, c) gravedad en función de la cuantía y d) existencia de perjudicados.

Y ahora veamos un par de ejemplos. La presunción del carácter oneroso del regalo de unos trajes mancha a Camps (en quien, desde luego, concurre capacidad de decisión), aunque el valor del regalo reduce la gravedad del asunto. Pero hay que tener en cuenta que esta presunción del carácter oneroso del regalo funciona en las dos direcciones. Es decir, no debe funcionar únicamente cuando se detecta el obsequio, sino, también, cuando lo que aflora es un beneficio inusitado, es decir, la posible contraprestación a un obsequio que ese beneficio inusual nos permite sospechar. En este sentido, la espectacular ganancia de los empresarios participantes en el negocio de Endesa, negocio patrocinado por el Gobierno, puede hacernos sospechar la existencia de un obsequio aún no detectado. Y en este caso la cuantía del beneficio es gigantesca, por lo que no estaríamos hablando de un par de trajes.

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